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2002-06-30

Príncipe en palacio

Dice Maquiavelo que El príncipe debe evitar todo aquello que lo pueda hacer odioso o despreciado, sabio consejo que nuestro particular heredero real sigue a base de no hacer absolutamente nada. Su vida de programada holgazanería sólo se ha visto sacudida por un par de encontronazos sentimentales que debemos asumir como cuestiones estrictamente personales. Los reyes humanos son como los de las hormigas, las abejas y otros insectos sociales, que sólo deben preocuparse por la cópula y la gestión de los huevos. Por eso sorprende que el príncipe se haya construido un palacete de soltero decorándolo en su Ikea particular del patrimonio nacional. No seré yo quien valore la oportunidad de semejante inversión o el gusto del resultado: una cosa es ser republicano y otra no entender las paradojas de nuestra monarquía constitucional parlamentaria y laica.

En los últimos días he leído muchos correos que insisten en la importancia de que los escolares conozcan la historia de España en su conjunto y contexto, evitando localismos disgregadores y revisiones interesadas. Sin embargo, no parece que nadie se atreva a contar las cosas tal desde un enfoque crítico y realista. La monarquía, por ejemplo, ha sido fuente de todo tipo de males para nuestro país, por lo que resulta inexplicable el apego que muchos conciudadanos sienten por la institución. Comparen la visión que tradicionalmente nos ha llegado de los Borbones con lo que escribe el biólogo Steve Jones en su muy recomendable En la sangre, editado por Alianza.

La familia de Alfonso, los Borbones, habían gobernado España durante doscientos años. Su herencia era de demencia y desesperanza. El primero en la línea, Felipe V, sufría de melancolía. Se volvió indiferente al tiempo. La corte entera se vio obligada a vivir de noche y dormir de día. La historia de su linaje se resumía así: Felipe V, desequilibrado, sensual; Fernando VI, demente e impotente; Carlos III, menos que normal; Carlos IV, imbécil, Fernando VII, excesivamente sensual, cruel y sanguinario; Isabel II, ninfómana; Alfonso XII, tuberculoso. Para más inri, los Borbones estaban infectados de sífilis y Alfonso XII murió de la enfermedad antes de que su tuberculosis pudiera matarle.

No sé, no sé, pero casi como que tiene todo más sentido.

posted by vendell 22:10

7 Comments


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Comentarios

1
De: Yam Fecha: 2002-06-30 23:56

Querido Vendell, con la misma cortesía y amabilidad que usted manifiesta siempre, debo expresarle mi más rotunda protesta.

Acaba de "pisarme" una historia.

Y, como era de esperar, mucho mejor de lo que yo la hubiera escrito.



2
De: Vendell Fecha: 2002-07-01 11:11

Vaya, lo siento Yamato. Pero por favor, que ésto no nos prive de leer su versión de los hechos. Un abrazo.



3
De: Yam Fecha: 2002-07-02 01:12

Sea pues.



4
De: Luis Alfonso Fecha: 2002-07-04 01:08

Me encanta la fijación que tiene con 'En la sangre' (magnífico libro, sí). Se le ve el plumero, amigo Vendell.



5
De: Vendell Fecha: 2002-07-04 17:13

Pues sí, es lo que nos pasa a los pavos reales, amigo luis alfonso. ;-)



6
De: The Fire Fecha: 2002-07-11 11:55

Qué bonito debe ser tener un rey melancólico...o sensual...que bonitas palabras...vaya,más propias del concepto clásico de rey que no las que me temo dirán del actual, "Juan Carlos I el Chocolatero, puterillo y pachangón".

Por cierto,¿cuántos días dejará de haber cole el día que muera el rey? ¿Y la reina? ¿Y cuantos años durará el Príncipe en el trono? ¿Llegará a los dos?



7
De: rodolfo Fecha: 2005-09-10 03:53

el palacio de españa



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