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2002-05-18

Quemado por el rayo

Uno de los héroes petardos de mi infancia es Benjamín Franklin, a quien siempre recordaré vestido con casaca y pantalón pirata agitando al viento los rizos de su pelucón-guardabarros mientras sostenía el hilo de una cometa en una tarde de tormenta. Pobre Ben, arriesgando su vida en pro del avance de la ciencia.

Franklin era un sujeto peculiar, un líder perfectamente adaptado al espíritu de su tiempo. Demócrata entre demócratas, científico entre científicos y puritano entre puritanos, su legado se condensa en el método que desarrolló para llevar a cabo un “examen de conciencia contabilizado” a partir de un catálogo de trece virtudes a las que a razón de una por día, debíamos aplicarnos con especial énfasis “sin descuidar las necesidades del negocio”. Helas aquí:

Templanza No comas hasta la saciedad y no bebas hasta el exceso
Silencio No pronuncies más palabras que las que puedan beneficiar a los demás y a ti mismo. Evita la conversación trivial
Destina un lugar para cada cosa y el tiempo debido a cada parte del negocio.
Determinación Proponte cumplir con tu deber. Cumple sin vacilar lo que te propongas.
Frugalidad No hagas más gastos que los que sean beneficiosos para otros o para ti; verbigracia, no desperdicies nada.
Laboriosidad No malgastes tu tiempo. Mantente siempre ocupado en algo útil. Suprime todas las acciones innecesarias.
Sinceridad No te valgas de engaños perjudiciales. Piensa con ingenuidad y justicia y cuando hables, habla en consecuencia.
JusticiaNo dañes, perjudicando u omitiendo los beneficios a que estás obligado.
Moderación Evita los extremos. No permitas que las injurias te hagan tan resentido como crees que éstas merecen.
Limpieza No toleres jamás la suciedad en el cuerpo, la ropa o en tu casa.
Tranquilidad No te preocupes por nimiedades, o por accidentes habituales o inevitables.
Castidad No hagas el coito más que para conservar la salud o para procrear; nunca hasta llegar a la saciedad, a la debilidad o al perjuicio de tu paz o tu reputación o a la de los demás.
Humildad Imita a Jesús y a Sócrates

He de confesarles que de los héroes petardos de mi infancia sólo mantienen su status Van Gogh (gracias a los esfuerzos de Antonin Artaud) y Galileo.
En caso de que el
Método Franklin para convertirse en un astronauta de provecho les plantee contradicciones éticas o les resulte demasiado exigente, siempre pueden recurrir a la lista de obligaciones para las 24 horas del día elaborada por el mismo autor, de cuya lectura hoy les eximo porque es el Día das Letras Galegas. Con un poco de suerte bastará con que nuestras autoridades académicas tendrán a bien recoger estas aportaciones a la fundamentación teórica de la reforma educativa. El caso es acercarnos a la perfección jodiendo lo menos posible.

posted by vendell 09:34

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Comentarios

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De: maripili Fecha: 2005-05-17 20:47

Pues a mí siempre me cayó mal Franklin. Y me fastidia sobremanera que los americanos lo consideren un filósofo.



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