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2002-08-29

Vidas posibles

Lo confieso, podría pasarme la vida así y Vds no volverían a oir hablar de mi. Levantarse a cualquier hora; bajar el bar a tomar un café comentando la marea de anoche con el patrón del Felisita (y con Snatch, de quien ya les contaré otro día) aprendiendo un poco más sobre las múltiples formas en que el viento se manifiesta en esta ría. Evitar cuidadosamente los periódicos, comprar el pan y volver a casa pensando en el desayuno que se tomará en el jardín sin árboles pero con sombra. Estirar el cuerpo, escoger una vela y salir con la tabla a disfrutar del aire fresco y duro de la mañana... ir de aquí para allá a toda velocidad, saludar a la gente de los barcos y cuando el cansancio se empieza a notar volver a la playa con la certeza de que por la tarde seguirá el viento. Bajar a la playa a descansar un rato con Marilyn y los amigos, comprar, hacer y disfrutar de una comida sencilla, leer un rato sesteando, o escribir sobre cualquier cosa, o pensar en los colores, las sombras, la trama de los tejidos...

Luego, por la tarde, volver al mar (siempre más difícil a esta hora) y si acaso pasar un poco de miedo por la presencia cercana de los delfines, a veces demasiado cercana... ¿juegan o compiten? ¿me harán algo si me caigo?... hasta que empieza a ponerse el sol y los helicópteros acaban de apagar un pequeño fuego como abejas que recogen miel en el agua y la vierten en un panal de pinos y maleza. Recoger los trastos y bajar de nuevo a la playa, junto al bote varado, y charlar hasta que apenas se ve otra cosa que las nubes ligeras iluminadas por un sol ya invisible. Ducha fría y amigos que vienen a compartir la cena: ellos traen el vino y nosotros hacemos un churrasquito o unos xurelos recién sacados del agua.

Algunos días bajamos al pueblo: al cine, a bailar a la verbena, al Moreno (insólito barcito de parra y menú tan limitado como el precio) o simplemente a pasear. Y así día tras día, con ocasionales salidas a visitar a otros amigos que disfrutan con lo mismo, o a navegar de prestado en un barco de vela, o a un monte cercano a ver el paisaje, o a una playa enorme y despoblada donde olas gigantescas rompen con una violencia desconcertante... si no fuera porque la espuma marca, como el calendario, el final de su viaje por el océano del tiempo.

posted by vendell 01:02

2 Comments


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Comentarios

1
De: RIGEL Fecha: 2002-09-06 13:32

Un poco tarde pero más vale tarde que nunca. La lectura de su entrada Vendell me trae a la memoria una frase "Beatus ille..."



2
De: Vendell Fecha: 2002-09-06 18:27

... neque horret iratum mare...

Caramba Rigel, pues tiene Vd razón. Deberían crucificar a quien firmó la desaparición de Horacio de los planes de estudio. Deberían recuperarlo, aunque fuera en clase religión.



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