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2005-01-09

Libertad de expresión
“No estoy de acuerdo con una palabra de lo que dice, pero daría la vida por defender su derecho a decirlo”, dicen que dijo Voltaire (aproximadamente), aunque quizá la cita ni siquiera sea suya. En cualquier caso, la frase resume bien lo que solemos entender por “libertad de expresión”. Ya saben, como cuando el parlamento vasco aprueba una cosa que resulta ser la expresión de la voluntad política más o menos representativa de una parte de la población y articulistas como José María Ruíz Soroa lo comentan serenamente en su magnífico artículo del pasado 8 de enero en El País. Es de pago, pero sin duda algún amante del diálogo podrá enviárselo por correo electrónico si dejan por aquí una dirección.

O si no, aquí tienen más opiniones del mismo autor al respecto.

posted by vendell 01:00

18 Comments


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Comentarios

1
De: Martin Pawley Fecha: 2005-01-09 23:39

¡Qué interesante lo que dice José María Ruíz Soroa en el artículo del enlace! Me pregunto si el referéndum de la Constitución Europea, tan esencial para nuestras vidas, requerirá también el apoyo de una amplia mayoría popular de al menos dos tercios de los votantes.



2
De: Amante del diálogo Fecha: 2005-01-10 00:17

Tomarse en serio a Ibarretxe
José María Ruíz Soroa
El País, 8 de enero de 2005

Vale, ya sabemos todos que el plan Ibarretxe es inconstitucional, que resulta inadmisible, que está condenado al fracaso, que no tiene posibilidad de prosperar en el Congreso. Una muralla de imposibles se alza frente a él. Y, sin embargo, con toda timidez, pregunto: ¿no sería bueno tomárnoslo en serio, por lo menos a efectos argumentativos? Tomarlo en serio entraña no espantarse ante su sola presencia, no conjurarlo como si fuera un íncubo amenazador. Como diría Ronald Dworkin, tomárselo en serio significa aceptarlo como futuro posible y valorarlo en sus propios términos. Hablarlo "con toda naturalidad", como gusta de decir nuestro lehendakari. Discutirlo, no por masoquismo intelectual, sino porque una tal discusión de contenidos es la única que puede hacer nacer una opinión pública entre nosotros, los ciudadanos vascos. Y opinión, no trincheras ni pasiones, es lo que necesitamos en esta hora.
En mi opinión, una valoración objetiva del proyecto aprobado por el Parlamento vasco muestra dos cosas: en primer lugar, que Ibarretxe se ha ido haciendo trampas a sí mismo, alejándose de sus iniciales presupuestos argumentales, de forma que el texto final incumple sus propias promesas. Para comprobarlo basta comparar cuidadosamente las presentaciones que él mismo realizó ante el Parlamento vasco el 27 de septiembre de 2002 y el 26 de septiembre del año siguiente, con el texto presentado por el Gobierno vasco el 28 de octubre de 2003 y con el aprobado finalmente por el Parlamento el 30 de diciembre pasado. Y, en segundo lugar, que la calidad democrática del ente libre asociado a España que propone es muy inferior a la del ente político autónomo que ahora poseemos.
La primera trampa estriba en la definición de las mayorías necesarias para dar el paso autodeterminativo. Ibarretxe no podía sustraerse al impacto que la valiosa opinión que en 1998 el Tribunal Supremo de Canadá produjo en esta materia: son necesarias mayorías claras y repetidas. Y, efectivamente, en su intervención de septiembre de 2003 el lehendakari proclamó que su proyecto "exigiría una mayoría clara de conformidad con el Tribunal Supremo de Canadá que interpreta el Derecho Internacional vigente". Y así lo recogió también en el proyecto remitido al Parlamento en octubre de ese año: "Voluntad clara e inequívoca", decía su artículo 13-3º. Igual lo hicieron sus socios autodeterministas de Eusko Alkartasuna (cuya Ley de Soberanía Vasca, artículo 93, exigía para la secesión la mayoría absoluta del censo electoral) e Izquierda Unida (cuya Propuesta de Comunidad Federal Vasca, artículo 1-3º, exigía también una mayoría "en ningún caso inferior a la mayoría absoluta del censo electoral"). Y, sin embargo, sin que nadie haya explicado la razón, casi con nocturnidad, los tres partidos que apoyan el plan han convertido el texto finalmente aprobado en una simple "mayoría de los votos declarados válidos". Adiós Canadá, adiós a lo que el mismo lehendakari calificaba como "el Derecho Internacional vigente", ahora ya basta la mitad más uno de los votos emitidos.
Podría argüirse, claro está, que la propuesta presentada no es todavía una de secesión, sino una más restringida de libre asociación con el Estado español. Pero el Derecho Internacional es claro en este punto: la libre asociación con un Estado constituye un supuesto de ejercicio del derecho de libre determinación de los pueblos, exactamente igual que el establecimiento de un nuevo Estado independiente (Resolución 2.625 (XXV) de 24-10-1970 de la Asamblea General de Naciones Unidas). Por lo que las mayorías a exigir son las mismas. Lo cual es de todo punto lógico porque, como exponía el profesor Obieta Chalbaud (quien teorizó por vez primera ya en 1985 la libre asociación como posible solución para el encaje de Cataluña y el País Vasco en España), la libre asociación requiere indefectiblemente, como primer paso, la secesión formal del pueblo que posteriormente se va a asociar con el Estado en cuyo seno previamente se encontraba inmerso. Por eso las mayorías a exigir son las mismas en la secesión y en la libre asociación. Y si el lehendakari proclamaba orgulloso que su proyecto inicial era conforme al Derecho Internacional vigente, tendría ahora que admitir por pura coherencia que ha dejado de serlo.
Las palabras del profesor Obieta Chalbaud, fervoroso nacionalista pero también escrupuloso jurista, descubren la trampa jurídica fundamental que Ibarretxe pretende con su plan: pues lo que intenta es llegar al resultado final (la libre asociación) saltándose la obligada etapa intermedia (la secesión formal). Por eso su discurso más reciente, cuando reivindica la voluntad unilateral del Parlamento vasco como única instancia decisoria, incurre en una grosera aporía jurídica: la voluntad unilateral del Parlamento vasco puede quizás, si aceptamos la versión nacionalista de la historia, ser suficiente para la secesión de Euskadi, pero nunca podría serlo para la libre asociación con España. La voluntad unilateral de un cónyuge puede bastar para fundar el divorcio, pero la voluntad unilateral de una persona no puede fundar un matrimonio: para eso se requiere el consentimiento del otro.
Segunda trampa: la nacionalidad y sus consecuencias. Ibarretxe proclamaba retador el 26 de septiembre de 2002, sin duda mirando a Madrid, que "los sentimientos de identidad nacional no se pueden imponer ni se pueden prohibir por decreto, ley o constitución alguna. Hay que aceptar con toda naturalidad el que cada persona pueda tener el sentimiento de pertenencia y de identidad que desee". Es decir, una thin conception de la nacionalidad como opción personal, en la línea de quienes defienden romper la clausura nacional-estatal, como hacen Miquel Caminal o Josep Ramoneda. Una concepción que escinde definitivamente la ciudadanía y la nacionalidad, la primera como condición universal del sujeto político, la segunda como opción comunitaria particular de cada uno. Concepción un tanto sorprendente en un nacionalista confeso, como el tiempo aclaró pronto. En efecto, después de alguna duda al respecto (véase el borrador del plan filtrado a la prensa en agosto de 2003), el proyecto presentado el 25 de octubre de ese año y finalmente aprobado establece en su artículo 4-2º que la nacionalidad vasca es obligatoria para todos los ciudadanos que residan en Euskadi. ¿Dónde quedó aquella orgullosa proclama de que ninguna ley puede imponer la nacionalidad?
Esta segunda trampa que Ibarretxe se ha hecho a sí mismo puede parecer a primera vista una cuestión simbólica, terminológica, ayuna de trascendencia política. Y, sin embargo, es la clave para comprender la baja calidad democrática del proyecto que nos propone. En efecto, al imponer a todos los ciudadanos de Euskadi la nacionalidad vasca, Ibarretxe convierte a este ente político en una comunidad rígidamente uninacional. Desconoce deliberadamente la esencial plurinacionalidad de Euskadi, una plurinacionalidad constitutiva que es tan relevante como la española (o más si nos atenemos a las proporciones poblacionales respectivamente afectadas). Y si desconoce legalmente esos diversos sentimientos nacionales de sus ciudadanos -que sin embargo reconocía en su discurso de septiembre de 2002: "el pueblo vasco no es una realidad excluyente (...), sino compatible con el sentimiento de pertenencia a otras realidades nacionales"- lo hace precisamente para poder así escapar a las más mínimas exigencias que la democracia moderna plantea a los entes políticos plurinacionales.
Éste, en efecto, es el punto relevante para los ciudadanos que podrían llegar a ser regidos por el nuevo Estatuto: que el proyecto establece un régimen total y absolutamente unitario, que sencillamente desconoce las diferencias nacionales existentes entre sus ciudadanos y que, en consecuencia, nada prevé en cuanto al derecho al autogobierno de las nacionalidades minoritarias. Lo cual significa que, por relación a la vigente Constitución española, que sí reconoce e instrumenta ese derecho, el régimen proyectado significa una pérdida neta de derechos democráticos. Lo que actualmente se reconoce a los vascos en España, no se reconocerá en el futuro a quienes se sientan españoles en Euskadi.
Los politólogos han subrayado desde hace tiempo, una vez pasada la bella ilusión wilsoniana, que las secesiones y autodeterminaciones raramente solucionan los problemas de adecuación entre sentimiento nacional y formación estatal. Más bien, como dice Juan José Linz, se limitan a barajar de otra forma los papeles de mayoría y minoría nacional. Por ello, el nuevo régimen debe obligadamente reconocer y tutelar los derechos políticos y culturales de las nuevas minorías, a no ser que se dedique a practicar con descaro una política cultural asimilacionista de la minoría. Y ya lo advertía Robert Dahl: la secesión o asociación nunca podrá estar legitimada si el nuevo ente político resultante no reviste, por lo menos, la misma calidad democrática que el anterior. Que es lo que sucede ahora, me temo.



3
De: Maño Castorp Fecha: 2005-01-10 10:36

Sólo un detallico, Vendell, ahora que les veo tan conmovidos por ese montón de obviedades bienpensantes de Soroa: ¿Qué hacemos con los que sí perdieron realmente la vida (José Luis López Lacalle, Fernando Buesa, Tomás y Valiente, Ernest Lluch...) sólo por escribir aquello en lo que creían?
Yo creo que los que apoyan The Plan citan a Voltaire mucho mejor que usted: "Cuidado con lo que dices que te pego un tiro, españolazo"






4
De: Anónima Fecha: 2005-01-10 11:01

Maño Castorp:

El discurso de Soroa es indudablemente bienpensante, pero no debe ser tan obvio, porque sino los nacionalistas no defenderían lo que defienden.

Y no sé que se puede hacer con los muertos, una vez enterrados, que no sea respetar su memoria. No creo que ninguna de las personas que citas hubiera sentido como una falta de respeto las palabras de Soroa. Pero claro, es díficil sabe realmente lo que sentirían y fácil hacerles sentir lo que uno quiere.

PD: ¿Podrías aclarar donde dice eso que dices que dijo Voltaire? :)



5
De: Francisco Larrauri Fecha: 2005-01-10 13:45

"Todas las cosas tienen su lado oscuro y las personas también. En cualquier momento y lugar la personalidad sin prescindir de la mente y de la conciencia, puede asumir numerosos disfraces que facilitan la aparición de los rasgos más lóbregos y perversos en el quehacer cotidiano de las personas. La sombra o el lado oscuro es pues un aspecto posible del desarrollo personal. En muchos políticos se adivina fácilmente que es su lado oscuro el que en lugar de fomentar soluciones y un desarrollo positivo a cuestiones fundamentales, perfila escollos insalvables (a veces para la mayoría) inventándose categorías inválidas o inexistentes Todo procede de algo.

1.- La sombra de los políticos. El diálogo para acabar con el conflicto en Euskal Herria es permanentemente boicoteado, con la exigencia que hay que condenar en primer lugar la violencia generada precisamente por el conflicto que se quiere superar. Las peticiones reiteradas por diferentes miembros del PNV y del Gobierno Vasco del «billete de la condena» a quien quiera subir al autobús de la paz están convirtiendo, por la forma de gestionar el miedo, la sombra personal de estos políticos en una sombra comunitaria y nacional.

Habrá que aceptar no sólo por lo dicho en el Velódromo de Anoeta, sino también por lo refrendado en diversas mesas parlamentarias e internacionales que la capacidad de paz de la izquierda abertzale es como mínimo de la misma naturaleza y posee la misma potencialidad intelectual que la del Gobierno Vasco. Así que los políticos que desde el gobierno de Ibarretxe, manipulan el medio social y cultural para que no se plasme y no se actualice esta potencialidad, están explotando el lado oscuro de su personalidad. Amplios sectores de la ciudadanía vasca se darán cuenta que renunciar de antemano a los compromisos puede servir bien a los intereses partidistas del tripartito, pero que estos principios o forma de actuar no reflejan ni reflejarán los ideales que proclaman.

Sin embargo el verdadero reto del gobierno de Lakua y lo que puede socavar sus alianzas es seguir negando su sombra, por ejemplo la tortura, cuando la verdad es ya incuestionable. Parece como si el Ararteko, en esta cuestión, halla adivinado que es menos dañino asumir la sombra que seguir negándola. Y efectivamente el mecanismo psicológico funciona así; Aznar y el PP perdieron cuando la verdad era ya indiscutible el mismo 11-M.

Hasta que el poder, ahora y aquí el Gobierno Vasco, no ponga en juicio su infalibilidad, serán incapaces de negociar su lado oscuro y se repetirán a corto plazo viejas generalizaciones sin aprovechar sus errores. Aquí la dualidad de Dr. Jekill queda superada por un conglomerado de personalidades diversas, que glosan: La familia debe reprobar a los familiares presos (Maixabel Lasa), la relatividad del dolor por la muerte de Karmele Solaguren y la bomba de ETA (Josu Jon Imaz), y que la tortura gracias a la incomunicación es un invento de pacíficos ciudadanos (Javier Balza) que en muchos casos quedaran en libertad sin cargos. Tras esa máscara de personalidades diversas se oculta la realidad de la política del PNV.

2.- La sombra de los jueces, torturadores y carceleros. Desagradables potencialidades de la personalidad, no publicitadas por los medios oficiales, se instauran en diferentes estratos de la vida social. La ley del 30 de junio del 2003 desarrollada por el PP, bajo el paraguas de la lucha contra la violencia organizada, introduce un excepcional subsistema de penas con la judicialización ideológica en la ejecución de la pena para los presos políticos vascos. El lado oscuro de los jueces es aplicar esta ley de forma retroactiva y emplearse a fondo para politizar el sentimiento psicológico de los presos vascos con la condena cumplida; Se sirven de la violencia del pensamiento del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, derivada de la coincidencia de carácter respecto a Euskal Herria de los dos partidos mayoritarios en el parlamento de la nación, («parlamento de la nación» de la inefable Edurne Uriarte), y que con el PSOE cumple la función de ser el último escalón carcelario. Sólo un pacto con la sombra de jueces y carceleros, explica el poder del lado oscuro de la naturaleza humana que se engalana femeninamente si de impedir la liberalización de presos enfermos vascos se trata.

Y patológicamente el lado oscuro, explotado con ánimo de lucro por un estado, lo vislumbramos con las hazañas masculinas de valor de los torturadores con pistola.

Hay que observar el lado oscuro de la vida cotidiana y la sombra personal de los que mandan con mucha claridad porque la lucha continua no a pesar de su sombra, sino con su sombra"
(GARA)



6
De: Vendell Fecha: 2005-01-10 16:09

Castorp, ¡claro que me conmueven las obviedades bienpensantes de Soroa! Al menos porque lo obvio representa el mínimo común de los argumentos a debate y porque sustrae de la discusión las imbecilidades identitarias llevándola al terreno de la razón democrática.

En cuanto a los muertos, podemos pedir justicia, condenar su asesinato y honrar su memoria, pero no utilizar su nombre como arma arrojadiza en un debate que va mucho más allá del terrorismo.



7
De: Vendell Fecha: 2005-01-10 16:15

Sr. Larrauri, me remito a la supuesta cita de Voltaire. Por cierto, Anónima, en ese link hay un texto titulado "Voltaire and America" donde se explica la apocrificidad de la cita.



8
De: MH Fecha: 2005-01-10 17:41

Siguendo la recomendación retomé el artículo de Soroa cuya primer párrafo me había ya parecido prometedor, y lo que leí no pe pareció nada bienpensante (¿por qué una práctica tan sana da lugar a un adjetivo con tanta connotación negativa?), sino muy sensato.
De todas formas, inisto en que hay un hecho importate y positivo, sólo lejanamente emparentado con el plan, y es que ETA lleva un tiempo sin matar y ojalá deje de hacerlo para siempre. Me pregunto cómo repercutirá eso en la vida política vasca: mi impresión es que Ibarretxe también se lo ha preguntado, y por eso le ha entrado tanta prisa, por si acaso las repercusiones a medio plazo no son tan favorables a la secesión/libre asociación.
Para terminar, a los muertos no digo que les dejemos en paz, para no estaría de mas que dejáramos de imputarles nuestros jucios. Revivamos los suyos, que muchos los dejaron escritos, pero no hagamos política-ficción con los que no pueden replicarnos.



9
De: Mifune Fecha: 2005-01-10 17:50

Iba a responder pero al actualizar he visto el comentario de MH y coincido con él totalmente.



10
De: Vendell Fecha: 2005-01-10 21:33

Absolutamente de acuerdo también con MH. Revivámoslos.

"Para escribir algo nuevo sobre ETA hay que renunciar al lirismo y a la rabia. El llanto por los muertos inocentes, y todos los muertos a sus manos lo son, merece, el nombre de los posibles muertos futuros, algo más útil que legitimas efusiones sentimentales, y el odio justo y el asco impecable ante los asesinos y sus acólitos no tienen por qué buscar nuevas palabras de condena, insultos originales ni ingenuas vías de escape para la rabia. En ambos terrenos ya está todo dicho."



11
De: Vendell Fecha: 2005-01-10 21:34

Pero no olvidemos que una cosa es ETA y otra cosa bien distinta son las iniciativas parlamentarias que legítimamente impulsa el gobierno vasco.



12
De: abel Fecha: 2005-01-10 21:55

Muchas gracias por el artículo. Sólo quería añadir que en mi opinión el Plan es también en parte el intento del PNV de mover sus redes electorales a los bancos de votantes que ya no pueden votar a HB este año. En mi opinión la ilegalización de HB ha generado este nuevo discurso peneuvista.
Yo en todo este embrollo sólo consigo ver lucha de poder entre vasquistas y españolistas, no buscaría mayores alturas porque dudo que algo quede ahí.



13
De: Anónima Fecha: 2005-01-10 23:07

Gracias Vendell por el link sobre la cita de Voltaire, pero ya me lo había leido. La pregunta iba dirigida a Maño Castorp por su cita "Cuidado con lo que dices que te pego un tiro, españolazo" :)



14
De: Maño C. Fecha: 2005-01-11 09:32

Estimada anónima: tratábase sólo de una ironía apócrifa.
So sorry!



15
De: Anónima Fecha: 2005-01-11 11:12

Gracias Maño C.
Lo mío era también una pregunta irónico-festiva. Jamás pensé que os la fueraís a tomar tan en serio ;)



16
De: el paseante Fecha: 2005-01-11 15:07

no creo que el debate aquí sea sobre la libertad de expresión, que es un derecho fundamental que nuestra constitución reconoce a las personas, sino de competencias de un órgano autonómico para pronunciarse sobre materias sobre las cuales carece de competencias, que son las que le otorgan la constitución y el estatuto de autonomía correspondiente. si lo que se quiere es modificar dicha regulación, lo sensato es utilizar los cauces legales oportunos, que están suficientemente claros. otra cosa me parece intentar confundir a la gente y crear enfrentamientos donde a lo mejor no existían.



17
De: Vendell Fecha: 2005-01-11 22:28

Estoy de acuerdo con Vd, paseante: la ley proporciona los cauces para el debate. La demonización de la otra parte, algo cada vez más común en la vida política y mediática, sí supone una amenaza a la libertad de expresión.



18
De: Mifune Fecha: 2005-01-12 01:06

Ten cuidado Vendell, que a estas alturas del año y por algún motivo se suele poner de moda demonizar también a quienes denuncian esa obvia demonización.



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