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2005-02-10

Apoplejía constitucional
Animado por los debates sobre el tratado constitucional europeo bajo al bar con el libro de la propuesta, un cuadernito y un lápiz en las últimas. Pido un café y comienzo a leer sabiendo que aquí no puedo quedarme dormido, aunque al poco tiempo la vista se me va al televisor donde una inverosímil Paula Vázquez exhibe las costillas sobre un paisaje de safari. ¿Habrá hecho también ella un anuncio animándonos a votar? Soporto la lectura una media hora, pido otro café y finalmente renuncio al lápiz, al cuadernito y al tratado. Me resulta imposible separar las fórmulas protocolarias de los enunciados esenciales; las vaguedades metafísicas de los derechos efectivos, el grano de la paja. Desde luego, el tratado no está diseñado para su consumo popular, lo que pone en evidencia el escaso acierto de la convocatoria: si saben que no lo vamos a entender ¿por qué nos piden que lo refrendemos? Al fin y al cabo, no se trata de un simple código civil o un estatuto de autonomía que se puedan modificar fácilmente en un parlamento que cuenta con los instrumentos legítimos para hacerlo, ni su categoría es comparable a la de los programas electorales con los que se nos presentan los partidos a las elecciones, textos de naturaleza evanescente constituidos en su mayor parte por mensajes promocionales cuyo incumplimiento no podríamos denunciar ante ningún tribunal de defensa del consumidor. Pero una constitución… eso ya es otra cosa.

Sopesando el libro da la sensación de que el tratado se ha construido calculando el mínimo común múltiplo de las constituciones de los países integrantes: si uno tiene 8, otro 6 y el de más allá 5, el mcm es 120. Personalmente hubiera preferido una constitución en plan máximo común divisor en el que se recogiese lo que todos ya tenemos asumido y se fijasen las bases de la distribución de poderes y las reglas del juego político sobre las cuales edificar el resto. Entonces sí tendría sentido un referéndum a nivel europeo en el que nos preguntasen, de una vez, si queremos ser Europa. Porque a lo mejor resulta que son más los que no quieren, y aquí sólo estamos para ver como fluyen los cuartos engrasados con la mantequilla que nos sobra.

Yo lo tengo claro: quiero ser europeo.

posted by vendell 01:00

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