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2007-10-22

Los estragos de la China

Recuedo que la primera vez que vi 55 días en Pekín no cupe en mi de indignación por el violento acoso al que aquellos chinos fanáticos y nacionalistas, los boxers ¡qué nombre! sometían a las pacíficas legaciones occidentales, tan cumplidoras del deber, tan elegantemente vestidas y tan generosamente civilizadoras que hasta se habían tomado la molestia de ir a echar una mano en aquel país dejado de la de Dios. Después, durante un verano de pierna rota y novela diaria (novela = convalecencia) descubrí de la mano de Salgari que la historia era todavía más complicada. Y mucho más interesante. Por eso, cuando hace un par de días el chino Fu apuñaló a un occidental a la puerta de su tienda, en la coruñícola calle de San Andrés (el mismo del post de ayer), me pareció pertinente echar un rato buscando los antecedentes socioculturales, ya que no genéticos, que pudieran dar sentido a esta agresión.


El caso es que a mediados del siglo XIX Inglaterra importaba de China ingentes cantidades de te, seda y porcelanas (el plástico estaba al caer), mientras que sus productos apenas despertaban el interés de los chinos, aparentemente refractarios a las maravillas que venían de occidente. El desequilibrio en la balanza comercial (aquello se pagaba en plata y al contado) animó a los ingleses a introducir ingentes cantidades de opio procedente de la India en el mercado chino, a pesar de que esta droga había sido prohibida por el abandono, la dejadez y la apatía en que se sumían los adictos a la resina de la amapola. El enfrentamiento entre ambas naciones terminó desencadenando una guerra a la que no tardaron en sumarse otras potencias occidentales, que a la postre, y antes de las copas, acabarían por imponer a China la obligación de abrir sus puertos al comercio del opio, amén de la cesión de algunos territorios estratégicos, incluida la isla de Hong Kong.



posted by vendell 00:02

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Comentarios

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De: FXavier Fecha: 2007-10-25 08:37

M'has recordat allò que explicava Malcolm X sobre el seu entusiasme infantil quan Tarzan apallissava els negres salvatges.
No cal dir que, després d'informar-se, "avui desitjaria que fossin els negres els qui apallissessin Tarzan i tots els blancs colonialistes".



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