2003-02-19
Las manos
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Cuando escribía con pluma todo era más fácil. La mano izquierda se limitaba a quitar el capuchón al artefacto y ocasionalmente tamborileaba con los dedos sobre la mesa, como llamando por tamtam a las ideas extraviadas. La derecha escribía, asumía la responsabilidad y levantaba ante los ojos el folio completo para su inspección y disfrute. Dirigida por la parte izquierda del cerebro, la mano derecha empuñaba decidida la voluntad de sortear las trampas de la ira y la arrogancia, dejando tras de sí un rastro de belleza triste y alegre... o así al menos lo recuerdo.
Pero en esta máquina negra y ruin como un escarabajo, las dos manos tienen que ponerse de acuerdo para escribir, y claro, en la junta de los hemisferios cerebrales el calor producido por el efecto Peltier endurece la grasa que lubrica los engranajes de la imaginación. La linea de letras avanza y retrocede, se disloca; el tamborileo ya no es un idioma construido al azar, sino la lengua ortodoxa y reglamentada que anhelan las academias mientras la luz de esta lámpara plana se materializa en palabras llenas de ira y arrogancia.
Por eso, cuando quiero escribir cuánto la quiero, lo hago con la derecha.
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posted by vendell 03:05
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Comentarios
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Yo siempre escribo con pluma. Y cuando hago uso del teclado, utilizo las dos manos, pero no los diez dedos. Bonita caligrafía, por cierto. ¿Vio usted "The pillow book", peli de Peter Greenaway con mucha escritura aplicada sobre el mejor soporte imaginable? (Es decir, un cuerpo) |
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Es que ¿hay algo más desolador que una carta de amor escrita a máquina? |
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¿Una carta de amor no escrita? |
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Insospechada tendencia la suya Seor Vendell.
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Disculpen la vena lírica con la que les atosigo últimamente, pero me parece un pecado hablar de cartas de amor y no acordarme de este poema de Fernando Pessoa:
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Lo más desolador de todo debe ser una declaración de guerra escrita a pluma. Claro, que eso se hace con el cerebro apagado. |
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