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2008-03-22

Tibet, ¿liberarse de qué?

Al igual que suele ocurrir con la navidad, que emboba nuestras lecturas de la realidad, la Semana Santa también impone su estilo dialéctico sobre las noticias. Vemos a Cristo en el madero y la única explicación que necesitamos es que está ahí para salvarnos. Después, vemos el levantamiento de los tibetanos y nos basta con saber que se rebelan para liberarse de los chinos. Pero del mismo modo que ante el lamentable espectáculo de la crucifixión deberíamos interesarnos por las razones de los judíos, los romanos y los seguidores de Cristo sin dejar que nos ciegue la pasión de la fe, para comprender la rebelión en el Tibet necesitamos saber de qué se quieren liberar los tibetanos. Y necesitamos saber qué es lo que creemos. Por lo que nos han contado, los chinos contaminan, piratean, agotan las materias primas, odian a las niñas, extinguen animales y violan los derechos humanos. El monstruo chino se alimenta de un caldo cuyos ingredientes son la superpoblación, el comunismo y el capitalismo salvaje, una olla fétida en la que ni siquiera hay lugar para el fanatismo religioso (a veces tan refrescante).

Leyendo la prensa de aquí cualquiera diría que lo de los tibetanos es un acto de redención, un queremos salvarnos ante el que no es ya necesario comprender nada. O si quieren, pueden echarle un vistazo al artículo de Pankaj Mishra que salía hoy en el Guardian.

Tibet has been enlisted into what is the biggest and swiftest modernisation in history: China's development on the model of consumer capitalism, which has been cheer-led by the Wall Street Journal and other western financial media that found in China the corporate holy grail of low-priced goods and high profits. Tibetans - whose biggest problem, according to Rupert Murdoch, is believing that the Dalai Lama "is the son of God" - have the chance to be on the right side of history; they could discard their superstitions and embrace, like Murdoch, China's brave new world. So why do they want independence? How is it that, as the Economist put it, "years of rapid economic growth, which China had hoped would dampen separatist demands, have achieved the opposite"?

For one, the Chinese failed to consult Tibetans about the kind of economic growth they wanted. In this sense, at least, Tibetans are not much more politically impotent than the hundreds of millions of hapless Chinese uprooted by China's Faustian pact with consumer capitalism. The Tibetans share their frustration with farmers and tribal peoples in the Indian states of West Bengal and Orissa, who, though apparently inhabiting the world's largest democracy, confront a murderous axis of politicians, businessmen, and militias determined to corral their ancestral lands into a global network of profit.


posted by vendell 23:58

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