Un gran violinista afirmaba que si alguna vez llegaba a encontrarse en peligro de ser devorado por unos caníbales les tocaría esta pieza, y que así se darían cuenta de lo que significa ser un ser humano, y por qué no podemos comernos los unos a los otros.
Supongo que se referiría a caníbales genuinos, no excapitalistas.
La belleza de la música, la capacidad de crearla, es uno de los más sólidos argumentos contra la sin razón. Que se lo digan sinó al 'violonchelista de Sarajevo'. Heroico:
El New York Times publicó en julio de 1992 la historia de un hombre, Vedran Smailovic, que durante el transcurso de la guerra de los Balcanes, harto de minas antipersona, carros de combate, toques de queda y víctimas civiles, salió a la calle para interpretar con su violoncello el adagio de Albinoni como señal de protesta: pretendía demostrar al mundo la irracionalidad de aquel conflicto bélico, trataba de abrir los ojos a los millones de televidentes que asistían apáticos al fratricidio. Durante veintidós días consecutivos, a las 17:30 horas, en medio del fuego cruzado de la ciudad bosnia de Sarajevo, Smailovic tocó su instrumento bajo la atenta mirada de los soldados atrincherados en la zona y de los periodistas europeos y norteamericanos, que no daban crédito a lo que estaba sucediendo. Veintidós vecinos suyos murieron en una pastelería del barrio, como consecuencia de un mortero mal encaminado. Vestido de etiqueta, con el uniforme de la Orquesta de la Ópera de Sarajevo de la que era violoncelista titular, este músico protestó enérgicamente, sin palabras, contra la devastación que comporta una guerra, cualquier guerra
Blanca, ¿y acabó bien ese violonchelista? ¿Qué tipo de fracontirador se queda extasiado ante un violonchelista después de abatir a dos niños que juegan junto a una fuente?
Pues no lo sé, Sr. Vendell. A lo mejor al francotirador la música le distraía; o le hizo gracia la osadía del violonchelista, o... Y a lo mejor le aburrían los niños; o los niños, por estar en movimiento, era más divertido darles, o...