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2003-04-23

Feynman y la educación científica
Aunque nunca hayan oído hablar de Richard Feynman, su aliento seguramente les haya rozado en algún momento de sus vidas, sobre todo si han tenido la suerte de disfrutar de uno de esos maestros que se divierten horrores enseñando ciencia y haciéndonos sentir el placer de la propia inteligencia. Feynman no era el típico fisiqueiro de camisa de rayas con el bolsillo petao de bolis de cuatrocolores y mirada perdida en un espacio multidimensional que caricaturizó con precisa crueldad Jerry Lewis en El profesor chiflado. Al contrario: brillante, seductor y deslenguado, la biografía de Feynman revela a un tipo dispuesto a disfrutar de la vida, ya sea haciendo y enseñando física, o como miembro de un grupo de samba y asiduo intérprete de frigideira en el carnaval de Río.

Fue precisamente en una de sus estancias en Brasil donde tuvo lugar la anécdota que hoy les cuento, recogida en ¿Está Vd de broma Mr Feynman? Nuestro hombre había pasado varios meses dando clase a universitarios brasileños sin dejar de asombrarse por el carácter memorístico de los estudios de física e ingeniería: sus alumnos conocían al dedillo todas las definiciones pero eran incapaces de aplicarlas a problemas reales; anotaban atentamente todo lo que decía el profesor pero nunca, jamás, hacían una pregunta sobre lo que escuchaban. Al final del curso fue invitado a contar sus experiencias como profesor ante una nutrida representación de la comunidad universitaria.

La sala de conferencias estaba llena. Comencé definiendo la ciencia como una forma de comprender el comportamiento de la naturaleza. Luego pregunte: “¿Hay alguna buena razón para enseñar ciencia? Desde luego, ningún país puede considerarse civilizado a menos que triqui, triqui, triqui...” Y allí estaban todos diciendo que sí con la cabeza, porque así es como piensan.

Luego dije, “Esto por supuesto es absurdo, porque ¿qué motivos tenemos para pensar que debemos estar a la altura de otros países? Tiene que haber alguna razón seria, no sólo que otros países también lo hacen”. Hablé entonces de la utilidad de la ciencia, de su contribución a la mejora de la condición humana y todo eso, tratando de provocarles un poco.

Y seguí: “El objetivo de mi charla es demostrarles que en Brasil no se enseña absolutamente nada de ciencia”. Podía verlos agitarse pensando: “¿Cómo? ¿Nada de ciencia? ¡Eso es una estupidez!, ¡pero si tenemos todos estos cursos!”

(...) Así que sostuve el libro de física elemental que ellos usaban y dije: “En ningún lugar de este libro se mencionan resultados experimentales, excepto en un sitio donde hay una bola que rueda por un plano inclinado y se cuenta hasta dónde ha llegado la bola al cabo de un segundo, dos segundos, tres segundos, etc. Los datos incluso vienen con ´errores´ de modo que si uno los analiza parecen auténticos resultados experimentales, un poco por encima o por debajo de los valores teóricos. Hasta se menciona la necesidad de tener en cuenta los errores experimentales, sin duda algo digno de mención. El problema es que si calculamos el valor de la aceleración a partir de estos datos obtendremos la respuesta correcta. Sin embargo, una bola que rueda por un plano inclinado, si realmente se hace el experimento, emplea parte de su energía para vencer la inercia y empezar a rodar, lo que hace que con los datos de un experimento real obtengamos un valor de la aceleración que es 5/7 del valor teórico. Así pues, este único ejemplo de un experimento es algo totalmente ficticio. ¡Nadie ha hecho rodar nunca esa bola, o no habrían obtenido este resultado!”

“También he descubierto otra cosa”, continué. “Pasando las hojas al azar y poniendo el dedo en cualquier página puedo mostrarles el problema: lo que allí aparece no es ciencia, sino memorización. Así que seré lo suficientemente valiente como para hacerlo ahora, frente a esta audiencia, y poner el dedo en cualquier sitio y leerles una frase cualquiera.”

Y así lo hice. Brrrrrrrrrup - puse el dedo y comencé a leer: “Triboluminiscencia. Triboluminiscencia es la luz que se emite al aplastar cristales... ¿Es esto ciencia? ¡En absoluto! Lo que aquí tenemos es lo que una palabra significa en términos de otras palabras. No hemos dicho nada sobre la naturaleza, nada sobre el hecho de que cuando uno aplasta cristales se produce luz, y por qué ocurre este fenómeno. ¿Han visto alguna vez a un alumno intentarlo? No lo verán, pues no pueden.”


Si les interesa, aquí mismo tienen la historia completa en versión original.
posted by vendell 09:07

11 Comments


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Comentarios

1
De: Algernon Fecha: 2003-04-23 09:13

Un episodio realmente fascinante. Me ha entusiasmado :)



2
De: Martin Pawley Fecha: 2003-04-23 09:20

Que gran tipo, el Feynmann. Quien no conozca ¿Está usted de broma...? o el ¿Qué te importa lo que piensen los demás?, o cualquiera de los volúmenes que recogen sus artículos y conferencias, que se pase corriendo hoy mismo por una librería, aprovechando que hoy es 23 de Abril y seguro que hasta les hacen descuento...



3
De: rvr Fecha: 2003-04-23 10:27

Me leí El placer de descubrir, que es una recopilación de ensayos/vivencias. Me dejó con ganas de conocer mucho más a Feynman... ¡qué tipo tan interesante!



4
De: El GNUdista Fecha: 2003-04-23 14:50

Amo a Feyman



5
De: Desmemoriado Fecha: 2003-04-23 17:05

Genial y adorable el tal Feynman...
No estoy seguro de que se tratase de él; guardo, en algún rincón de la memoria, una anécdota que "se non e vera" considero "ben trovata":
Un doctor en física, rector de Universidad, que no usaba toga y birrete más que el día que comenzaba un nuevo curso. Imagino el Paraninfo preparado para el evento: los nuevos alumnos acicaladitos para la ocasión y acompañados por sus familiares, los veteranos en los asientos intermedios, los doctorandos en las primeras filas y todo el claustro, con sus impresionantes disfraces, en la zona VIP...En el estrado una única silla, con aspecto de trono, ocupada por el rector...Todo un montaje "ad hoc"...
Comienza el acto en medio de un expectante silencio: cuatro doctorandos, los que gozaban de la mayor confianza del rector, se levantan ceremoniosos y se dirigen a una bola metálica de 200 kg que cuelga, a modo de impresionante lenteja de péndulo, de una cuerda anclada en el techo del Paraninfo en un punto de la vertical que pasa por el centro del impresionante pasillo alfombrado para la ocasión. En uno de sus extremos la puerta y, en el otro, el rector en su "trono".
Parsimoniosa y fatigantemente, los cuatro elegidos empujan la bola con sus manos llevándola en volandas hasta un punto debidamente marcado en el pasillo, cercano a la puerta. Allí se detienen, y en medio de un sepulcral silencio, dirigen sus miradas al rector con los brazos en alto sosteniendo la bola. La cuerda tensa y tensa la atención de los asistentes.
Obedeciendo a un imperceptible gesto del rector, los doctorandos abandonan la bola. Y la bola ejecuta su trabajo a la perfección...avanza majestuosamente hacia la cara del rector y no deja de hacerlo hasta que se encuentra a unos cinco cm. de su nariz...El rector, impertérrito, ni se inmuta. Aunque muchos no lo vieran, otros aseguran que ni siquiera parpadeó...Después sonríe paternalmente...Y empieza a hablar dulcemente...



6
De: eva-lamaga Fecha: 2003-04-24 08:34

es de lo más sugerente que he leído ultimamante, martin pawley



7
De: jissell espinal Fecha: 2003-06-10 22:43

pienso que las experiencias de feynman en brazil fueson imprecionantes. sus descubrimientos fueron revolucionarios parea el mendo de la ciencia y es por esa razon que se gano el premie novel



8
De: maria josefina Fecha: 2003-06-10 22:50

pienso que personas como esa jissell no deben escxribir mensajs sin saber siquiera lo que estan diciendo. cuando digan algo tienen que tener cordura y no escribir a lo loco especialmente de una parsona tan importante como lo fue richard feynman



9
De: Brunhilda Fecha: 2003-06-11 01:48

Desmemoriado, he leido varias versiones de esa historia atribuidas a diferentes personajes y con diferentes finales. (i.e. "Contacto" Carl Sagan) Si eso llegó a ocurrir realmente no creo que se tratara de R. Feynman, puesto que nunca llegó a ser Rector.

Para los amantes de la ciencia, les recomiendo sus tres volúmenes de conferencias sobre Física.

Para los científicos románticos incurables les recomiendo la historia de amor vivida en su juventud "¿Qué te importa a ti que piensen los demás?", recopilada en un libro del mismo título.


Y, para los amantes de la polémica, también pueden leer en el mismo libro citado en el "post" original su valiosa colaboración en el proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica.



10
De: Vendell Fecha: 2003-06-11 03:57

Brunhilda, y para los amantes desmemoriados y románticos, ¿qué nos recomienda?



11
De: Steven Fecha: 2010-09-26 17:42

Es lo mejor es un genio feynman



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